You are here

Por Su Propia Mano, Sobre Papiro: Una nueva visión sobre los papiros de José Smith - Capítulos Uno y Dos

Por Su Propia Mano, Sobre Papiro: Una nueva visión sobre los papiros de José Smith - Capítulos Uno y Dos

NOTA: By His Own Hand Upon Papyrus por Charles M. Larson tiene Copyright 1992 del Institute for Religious Research tanto en su forma impresa como electrónica. Los usuarios del sitio de Internet Mormons In Transition tienen permiso para bajarlo y hacer una copia impresa y una copia en disco de computadora, para su uso personal. Se debe obtener un permiso para hacer copias adicionales, pero solamente después de solicitarlo al editor. Por favor, haga su solicitud por escrito al Institute for Religious Research, 600 West Street, Cedar Springs, MI 49319, U.S.A.

Bajo ninguna condición puede ser vendido este archivo o cualquier reproducción. Esta versión electrónica del libro By His Own Hand Upon Papyrus (y esta versión en español) o cualquier versión relacionada, puede ser colocada en Internet u otra red de computadoras, sin el permiso expreso, por escrito, del editor.

NOTA: Este archivo de computadora no contiene algunos elementos del libro impreso, incluso la primera colección completa publicada de fotografías a color de los Papiros de José Smith, como tampoco las fotografías de los manuscritos originales de la traducción y otra documentación importante. También notarán en el texto ocasionales referencias de mapas, ilustraciones y otros elementos gráficos que no aparecen en el texto.

— Wesley P. Walters

Prefacio

Uno de los sucesos más excitantes en la historia Mormona moderna fue el redescubrimiento de unos de los papiros egipcios que el Profeta José Smith tenía en su posesión cuando hizo sus traducciones del Libro de Abraham. Mucho tiempo se pensó que habían sido destruidos en un incendio en Chicago; en realidad habían encontrado su camino al Museo Metropolitano de Arte en la ciudad de Nueva York, de donde resurgieron en 1967. Su descubrimiento estableció la certeza de que José Smith tuvo documentos egipcios auténticos sobre los que basó su traducción de la obra Abrahámica, publicada ahora en la Perla de Gran Precio.

El redescubrimiento de estos "Papiros de José Smith", como han llegado a conocerse, envió apresuradamente a académicos en todas direcciones para explorar el significado y las implicaciones completas de estos textos. Artículos y libros han fluido al mercado, examinando cada faceta de estos documentos.

Durante mucho tiempo el lector promedio ha tenido la necesidad de que alguien haga manejable esta cantidad de material. Charles Larson ha tenido la paciencia y la habilidad para darnos este servicio. Las complicaciones han sido reducidas a términos comprensibles, se han establecido y evaluado varias teorías, los hechos esenciales siempre han sido mantenidos a los ojos del lector. Para hacer estas cosas con claridad se requiere de más que un breve folleto, sin embargo el Sr. Larson ha mantenido la tarea dentro de un espacio encomiablemente breve. El lector que permanezca con este libro hasta su oración final, se encontrará ampliamente recompensado con un conocimiento de todas las facetas de estos documentos tan significativos.

A diferencia de las planchas de oro del Libro de Mormón, que los estudiosos nunca pudieron examinar, estos textos egipcios nos proporcionan los documentos reales en los que trabajó José Smith para hacer su traducción. Por lo tanto, nos da la oportunidad para examinar objetiva y científicamente las afirmaciones del Profeta. El Sr. Larson nos ha provisto con todos los datos pertinentes que necesitamos para llegar a nuestras propias conclusiones sobre este tema tan importante y discutido.

CAPÍTULO UNO

Cómo comenzó todo: La historia mormona

La iglesia mormona comienza con un hombre que se atribuía una visión. Por casi diecinueve siglos Dios había estado silencioso, ni su voz ni la de sus mensajeros se había escuchado sobre la tierra desde los días de los Apóstoles de Cristo. Por largo tiempo el mundo tuvo que depender solamente de la Biblia como guía espiritual, un registro que muchos consideraban pobremente preservado, con frecuencia impropiamente traducido, difícil de entender, salpicado por doquier con añadidos hechos por los hombres, y con muchas partes claras y preciosas perdidas. Forzados a depender de tal obra, sucedió lo inevitable. Se alzaron muchas opiniones, surgieron facciones y ella, la Verdadera Iglesia fue presa de la apostasía y la división. Florecieron muchas iglesias, poniendo sus propias interpretaciones de la Biblia.1

Pero un evento estaba a punto de cambiar todo esto. Un profeta nuevo, de los últimos días, un joven llamado José Smith, estaba por aparecer, quien afirmaría haber recibido la misión de restaurar la única, la Verdadera Iglesia y la plenitud del Evangelio.

Un ángel se había aparecido a José Smith cuatro años antes y le reveló la localización secreta de un registro sagrado, escrito sobre planchas de oro.2 Estas planchas, cuando se tradujeran, terminarían de una vez por todas con todas las disputas que se habían alzado porque la cristiandad apóstata se había apoyado solamente sobre la Biblia. Esta revelación dada por medio de un poder sobrenatural a José Smith, llegaría a ser una nueva escritura para la humanidad. Sería un libro puro, incorrupto, traducido desde su antigua lengua por el don y el poder de Dios obrando a través de José Smith.3

Smith estaba ahora camino de recuperar estos registros ocultos. Había llegado el tiempo. Era el vigésimo segundo día de septiembre del año 1827.

Las planchas doradas resultaron ser un registro de los antiguos habitantes de las Américas, ancestros de los indios americanos, quienes habían viajado al nuevo mundo desde la tierra de Israel, cientos de años antes del tiempo de Cristo. Habían dejado un vívido relato de sus viajes y guerras, y de las enseñanzas y visiones de sus profetas, e inclusive de la visita y ministerio de Cristo entre ellos, luego de su crucifixión y ascensión en el otro lado del mundo,4 sabiendo que estos escritos aparecerían un día y hablarían a los hombres "desde el polvo, como la voz de uno que tiene un espíritu familiar."5

El registro, sin embargo, no podía ser traducido por medios normales o por cualquier hombre común. Escrito en un idioma extraño, largamente olvidado, llamado Egipcio reformado, solamente una persona llamada y bendecida por Dios podía leerlo y comprenderlo.6 José Smith pudo hacerlo, pero debido a la excitación y a los malos entendidos que causaron el descubrimiento de las extrañas planchas y a las persecuciones y movimientos que tuvo que soportar, fueron más de dos años antes de que se completara su traducción y estuvieran listas para su publicación.

Finalmente, a principios de la primavera de 1830, el Libro de Mormón apareció impreso por primera vez y poco después la única, la Verdadera Iglesia de Dios fue restablecida sobre la tierra.7

Pero las circunstancias no fueron favorables para la pequeña iglesia que luchó por crecer en esos primeros días. El mundo parecía hostil o indiferente al reclamo de la Restauración de la Plenitud del Evangelio y después de muchos meses de sincera labor proselitista por toda el área circundante al hogar de José Smith, al norte del estado de Nueva York, su grupito apena había registrado como membresía a un puñado de familias de su mismo vecindario.8 Los misioneros extendían más y más su campo, vendiendo sus libros y buscando su cosecha de almas.

Luego, por un tiempo, las cosas comenzaron a mejorar. Llegó la noticia desde Ohio de que un dirigente de una comunidad religiosa había leído el Libro de Mormón y se había convertido él, su familia y algunos cientos de sus seguidores.9 Pronto, José cambió el centro de la Iglesia de Nueva York al pueblo de Kirtland, Ohio, donde los esfuerzos misionales se habían redoblado. Un grupo fue enviado al oeste para predicar a los indios. Estos misioneros, después de pasar por el desierto de Missouri, enviaron un reporte sobre la inmensa región, de belleza virgen y escasamente poblada.10 El Profeta recibió la palabra del Señor de que Missouri debía ser Sión, el lugar de la Ciudad de la Nueva Jerusalén,11 y pronto una colonia de rápido crecimiento de Santos de los Últimos Días se estableció ahí en el Condado Jackson. Gente de muy lejos comenzó a oír de esta obra maravillosa y con constancia, más y más venían a ver si en verdad Dios había levantado un nuevo profeta entre los hombres.

Las cosas parecían ir bien, pero esta buena fortuna no duró mucho. Turbas enfurecidas se amotinaron contra los Santos en el Condado Jackson y les echaron de sus hogares cuando comenzaba el invierno. De nuevo, José recibió la palabra del Señor, esta vez que tenía que reunir un ejército de entre los Santos en Ohio y marchar para reclamar su herencia en Sión, donde dijo que el Señor les había prometido una poderosa victoria sobre sus enemigos.12 El ejército se formó en la primavera con José Smith a la cabeza, pero al momento en que llegaron a Missouri una epidemia de cólera había comenzado a causar estragos en sus filas, frustrando todas las esperanzas de redimir a Sión.13 Derrotados, los fatigados soldados regresaron a Ohio cuando estuvieron lo suficientemente bien para viajar, a sus hogares y siembras largamente desatendidos. La palabra del Señor dada de nuevo a José, explicaba que habían sido regresados debido a su falta de voluntad para ser totalmente obedientes a los mandamientos de Dios.14 Pero muchos habían comenzado a perder la fe en el llamamiento de José como profeta.

Una vez en Kirtland, se incrementaron las murmuraciones contra José y la Iglesia. Siempre había habido alguna mofa de los incrédulos en el vecindario (los "gentiles", como les llamaban los Santos), pero ahora también había "apóstatas". Aunque eran pocos en número, el creciente clamor de sus voces, conforme se unían a los gentiles, al mofarse del Profeta y sus seguidores, estaba afectando el liderazgo de José Smith. "¿Cómo sabemos verdaderamente que el Libro de Mormón es lo que dices que es?" preguntarían señaladamente. "¡Muéstranos las planchas, si acaso las hubo!" Por supuesto que José Smith no podía hacer esto, ya que siempre sostuvo que había devuelto las planchas al ángel, después de terminar la traducción,15 ya que no tenía más necesidad de ellas y, en primer término, eran propiedad del ángel.

También había cierta dificultad y preocupación por algunos de los nuevos mandamientos que se enseñaban en la iglesia, que no eran parte de las enseñanzas del Profeta en un principio, cuando muchos habían sido bautizados, pero que ahora tenían que aceptar como doctrina de la Iglesia.16 José continuó recibiendo nueva revelación de Dios, o por lo menos así lo afirmaba. Pero, muchos se cuestionaban seriamente, ¿cómo podrían estar seguros sin algo tangible que apoyara las nuevas enseñanzas de José? Algo… ¿en las escrituras? ¿Tal vez algo más que el Libro de Mormón?

Aunque los nuevos conversos continuaban llegando a Kirtland, ahora se había abierto la puerta trasera y muchos otros se salían. El crecimiento de la Iglesia se estancó y pareció que llegar a un punto muerto sería lo mejor lo que se podía esperar.

Esto es, a menos que algo verdaderamente increíble sucediera.

El 4 de julio de 1835 fue un día inusualmente memorable en Kirtland. Los comentarios en todo el pueblo eran sobre el irlandés que había llegado e la villa el día anterior y que en la exhibición que había montado tenía, entre muchas cosas, cuatro momias egipcias.17 ¡Era espectacular! Por un bajo precio usted puede ver y tocar misteriosos grabados, fragmentos de escritos antiguos e incluso cuerpos humanos momificados, ¡todo lo cual había estado en la tierra desde los tiempos de la Biblia! La exhibición era extremadamente popular y el Sr. Chandler, el irlandés, hacía todo lo posible para complacer a los Santos en su visita.

Probablemente las cuatro momias eran los objetos más pintorescos en la exhibición, pero algunos de los hermanos prominentes en la Iglesia estaban más intrigados por los fragmentos de los manuscritos antiguos. En el Libro de Mormón, recordaban, Mosíah había descrito a un vidente "como un hombre que puede traducir todos los registros de la antigüedad" (Mosíah 8:13). José, sabían, había sido llamado por Dios como "Profeta, Vidente y Revelador" cuando fue organizada la Iglesia. ¡José debería ser capaz de leer y comprender estos escritos! ¡Qué maravillosa manera de silenciar sus críticas para siempre! Habiéndole contado de la reputación del líder mormón al descifrar el antiguo texto del Libro de Mormón, Chandler fue invitado para mostrar a José algunos de sus escritos egipcios, si le interesaba saber su significado. A lo que el irlandés aceptó gustoso.

Algunos de los escritos fueron llevados a José Smith, quien dijo a Chandler que verdaderamente podía traducirlos, aunque el hacerlo apropiadamente le tomaría algún tiempo. José le explicó que algunos de los dibujos le eran más inmediatamente reconocibles que el resto, debido posiblemente a su semejanza con los grabados en las planchas de oro. Procedió a interpretar éstos para Chandler, quien le agradeció efusivamente e incluso le escribió lo siguiente en un papel:18

KIRTLAND, Julio 6 de 1835

Para hacer del conocimiento de todo el que desee, concerniente al conocimiento del Sr. José Smith, Jr., para descifrar los antiguos caracteres jeroglíficos egipcios en mi posesión, los cuales he mostrado, en muchas ciudades importantes, a los más sabios, y de la información que he podido obtener o encontrar, hallo que el Sr. José Smith, Jr., corresponde hasta los mínimos detalles.

MICHAEL H. CHANDLER
Viajando con las Momias Egipcias y los propietarios.


Esto era justo la clase de cosas que los hermanos estaban esperando, y estaban confiados que este certificado ayudaría a fortalecer la reputación del Profeta y deshacer algunos de los daños que habían ocurrido. Sin embargo, en una segunda reflexión, se les ocurrió dar un paso más. Uniendo sus recursos, colectaron $2400 para comprar la exhibición de Chandler, — los escritos, las momias, todo — la cual entregaron a José.19 Seguramente ahora, cualquiera que se aventurara a cuestionar la habilidad del Profeta, dada por Dios, para traducir escritos antiguos, podrían verlo por sí mismos.

Pero ni las más locas esperanzas podían haber preparado a estos fieles hermanos para lo que resultarían ser estos escritos recientemente adquiridos, como fueron identificados por su profeta. El asombroso descubrimiento es descrito mejor por el mismo José Smith, quien después escribió sobre el incidente:

"… con W. W. Phelps y Oliver Cowdery como escribas, comencé la traducción de algunos de los caracteres o jeroglíficos y, para nuestro gozo, encontré que uno de los rollos contenía los escritos de Abraham, otro los escritos de José de Egipto, etc. — un relato más completo aparecerá en su momento, conforme proceda a examinar o desenvolverlos. En verdad, podemos decir que el Señor comienza a revelar la abundancia de paz y verdad."20

Las noticias se expandieron con la velocidad de una descarga eléctrica por la comunidad. Los Santos estaban locos de alegría por el hecho de que Dios les conservara y dirigiera estas cosas por medio de su santo Profeta. El periódico local de la Iglesia imprimió una carta de Oliver Cowdery, uno de los escribas en la obra, en la que reportaba:

"Sobre el tema de los registros egipcios, o más bien los escritos de Abraham y José, puedo decir algunas palabras. Los registros están bellamente escritos sobre papiro, con tinta o pintura negra y una parte pequeña en roja, en perfecta conservación."21

Al describir algunas de las ilustraciones en el registro identificado como el Libro de José, continúa animadamente:

"La serpiente, presentada caminando o formada de modo que parece capaz de caminar, frente a y cercana una figura femenina, es para mí una de las más grandes representaciones que he visto sobre papel o en un escrito; y debe seguir hasta convencer a las mentes racionales de lo correcto de las escrituras y de su autoridad divina… para arrastrar, con movimiento poderoso, a toda la fabricación atea… el Pilar de Enoc, como lo menciona Josefo, está en el mismo rollo…"22

La traducción de los papiros se inició casi de inmediato, aunque no con el registro de José que había impresionado tanto a Cowdery. En su lugar, José Smith cambió al que habría sido el registro más antiguo de Abraham. Día tras día, tanto tiempo como podía, el Profeta se ocupaba de los antiguos escritos.23 Además de la traducción del manuscrito, que crecía constantemente, José también emprendió la preparación de un alfabeto y gramática del idioma egipcio. Esta fue la primera obra de su clase en el mundo, ya que todo el conocimiento de la escritura del egipcio antiguo durante siglos había estado perdido para la humanidad.

La gente, como era de esperar, estaba impresionada con el proyecto de traducción y finalmente un hermano llamado Warren Parrish fue llamado para ayudar, de tiempo completo, como escriba de José, colaborando en la obra con Phelps y Cowdery.

Cantidades de visitantes, tanto Santos como gentiles, llamarían al Profeta para ver por sí mismos estas cosas maravillosas. José procuró darle a todos "una historia breve del modo en que los escritos de los padres Abraham y José habían sido preservados y cómo llegué a estar en posesión de los mismos, de los cuales daré una traducción correcta," prometió, "en su debido tiempo."24

Mientras tanto, sin embargo, los problemas siguieron acosando a la Iglesia. Durante los siguientes años los Santos experimentarían algunos severos retrasos, incluyendo un caos económico acarreado por la caída del banco Kirtland Safety Society patrocinado por la Iglesia, el abandono resultante del pueblo de Kirtland, la apostasía y excomunión de los tres testigos del Libro de Mormón y otros prominentes hermanos (incluido el escriba de José, Warren Parrish), la final expulsión de los Santos del estado de Missouri e inclusive el arresto y prisión, por traición, de José y algunos otros líderes de la Iglesia.

No obstante, la Iglesia soportaría estas cosas y más. Y en tanto había sin duda una cantidad de razones por la que la Iglesia sobrevivía a la adversidad, el elemento común era la credibilidad ante sus miembros, una credibilidad reforzada para los tiempos difíciles, en gran parte por la milagrosa existencia de los registros egipcios del Profeta, y de su obvia habilidad, dada por Dios, para traducir las cosas ocultas al mundo.

Si José podía descifrar los caracteres egipcios sobre los papiros, entonces seguramente había sido capaz de traducir la escritura sobre las planchas de oro del Libro de Mormón, como dijo que lo hizo. Y si había traducido el Libro de Mormón, realmente estaba llamado por Dios como un verdadero profeta. ¿Qué más prueba podía pedir una persona?

CAPÍTULO DOS

 El Libro de Abraham: un documento oportuno

El pequeño surtido de papiros frágiles, descoloridos, que había adquirido José, fortaleció su reputación como profeta y traductor en un momento en que tal apoyo se requerían grandemente; pero la pequeña obra conocida ahora como el Libro de Abraham iba a tener un efecto sobre la Iglesia aún de más largo alcance.

Como se publica hoy, el Libro de Abraham es una obra pequeña, conteniendo solamente como quince páginas impresas (incluyendo los "facsímiles" o dibujos adaptados de los papiros, que acompañan el texto). Aparentemente nunca se completó, ya que finaliza abruptamente a la mitad de las secuencias iniciales de la historia del Jardín del Edén. Posiblemente José fue asesinado antes (junio de 1844) de que se produjera el resto, no podemos estar seguros. En los últimos tiempos, parece probable que intentaba hacer más con los papiros, porque la porción terminada era el producto de dos periodos, relativamente breves pero intensos, con una interrupción de algunos años entre ellos.1

Desde el principio, José reveló a sus escribas que los registros de los papiros eran una versión extensa del relato de la vida de Abraham en Génesis, como se encuentra en la Biblia.2 Mostraba que Moisés, al recopilar el Pentateuco, aparentemente se había basado en el mismo relato que ahora poseía José Smith. Evidentemente Moisés abrevió y condensó el registro al escribirlo, omitiendo considerables detalles. Eso o los escritos originales de Moisés habían sufrido los mismos estragos del tiempo, por medio de la intención de escribas descuidados y deshonestos, que han afectado al resto de la Biblia.

Pero, no importa. Si José estaba correcto, ahora la Iglesia tenía frente a sí la obra original de la que se derivó el Génesis; nada menos que el original, el diario de primera mano que había sido guardado por el mismo Padre Abraham.3 Y este relato, ahora lentamente desenvuelto, conforme trabaja el Profeta para traducirlo — primero en Kirtland y luego en Nauvoo — no solamente arroja nueva luz en el trasfondo y las experiencias del gran patriarca bíblico, sino que también da autoridad canónica a una cantidad de doctrinas y enseñanzas que José había introducido recientemente.

Durante la primera fase del proceso de traducción, que tuvo lugar desde el tiempo que adquirió los papiros en julio de 1835 hasta la última parte de ese mismo año, José pudo dictar, aproximadamente, el cuarenta por ciento de lo que finalmente produciría. Sus escribas en Kirtland fielmente registraron las palabras que José les leía, llenando casi diez páginas manuscritas completas. La porción traducida apareció cuidadosamente en una delgada columna a lo largo del lado izquierdo de la hoja que mostraba una copia a mano de los símbolos egipcios de los que José obtuvo el texto.

La primera sección del Libro de Abraham, que llega hasta Abr. 2:18, da el relato de Abraham, en primera persona, de las condiciones en su tierra, la idolatría y la hambruna que precedieron a su rescate, por el Señor, de un altar de sacrificios y el subsiguiente mandamiento de abandonar su tierra e ira donde el Señor le mostraría. El relato que José saca del papiro es más extensa que la versión de los mismo hechos en la Biblia, al extremo que únicamente se detectan una media docena de versículos que corresponden (Gen. 12:1-6).

El puro volumen de este material relacionado con la Biblia, recientemente descubierto, seguramente era lo suficientemente impresionante para establecer, de una vez por todas, el continuo favor de Dios con José. Pero para el gozo de José y los fieles, notaron que Abraham hacía repetidas referencias a su línea de autoridad sacerdotal, a la que él simplemente se refería como el Sacerdocio. Esto era altamente significativo, porque dentro de la Iglesia algunos habían comenzado a criticar a José por introducir, en 1831, el oficio de "Sumo Sacerdote" en la Iglesia. Estos disidentes argumentaban que todo el tema del sacerdocio siempre había sido un asunto temporal, desarrollado en los días de Moisés y limitado estrictamente a los Levitas hasta el tiempo de Cristo, cuando fue abolido.4 Estos críticos eran los mismos que habían rehusado aceptar como escritura algunos de los escritos de Moisés reescritos por José en 1830 bajo la influencia de revelación directa. En éstos, José había argumentado que el sacerdocio era un poder eterno. En sus intentos por razonar con estos disidentes, Smith señalaba que la revelación contenida en Doctrina y Convenios 27, que se refería muy claramente al otorgamiento del sacerdocio, sobre sí mismo y Oliver Cowdery, en la primavera de 1829. Argumentaba, que esto ocurrió mucho tiempo antes de que hubiera un cuestionamiento de la autoridad. En respuesta, sus críticos atacaron con que la revelación simplemente había sido alterada más recientemente para incluir estas enseñanzas, después que ya habían sido puestas en práctica.5

Pero el Libro de Abraham cambió todo esto, porque establecía claramente que Abraham había poseído el Sacerdocio de Dios mucho tiempo antes que existieran los Levitas. Y, si todavía alguien se preocupaba de cuestionar el tema, estaban los manuscritos originales para mostrarlos a todo el que quisiera verlos. El reto había sido enfrentado y contestado. Tanto el estatus de José, como profeta, y el de la doctrina de la autoridad del sacerdocio dentro de la Iglesia, habían sido reivindicados por la oportuna aparición del Libro de Abraham.

No fue esta la única ocasión en que José fue reivindicado así, porque el Libro de Abraham continuó, de una manera más gratificante, justificando las doctrinas, aún más nuevas, de la Iglesia, cuando José tomó de nuevo la tarea de traducir a principios de 1842. En esta época los Santos, habiendo sido expulsados del estado de Missouri, se habían establecido en Illinois. Ahí, en una pacífica orilla del río Mississipi, comenzaron a construir una nueva ciudad a la que llamaron Nauvoo; y allí, al menos durante una época, parecía que la Iglesia sería dejada para que sola se hiciera cargo de sus propios asuntos. Entonces el Señor pudo revelar, por medio del Profeta José Smith, la luz y el conocimiento que deseaba que tuviera su pueblo.

La mayor parte de estas enseñanzas adicionales se publicaron, y fueron aceptadas por la membresía, tan pronto como fueron reveladas. Sin embargo, algunas (y una enseñanzas muy especial, en particular) fueron de una naturaleza sagrada tal, que no podían ser enseñadas públicamente, ni aún su existencia podía ser conocida, ya que todavía no había llegado el tiempo, dijeron sus líderes, en que el pueblo pudiera entender estas verdades nuevas. El tema nuevo más importante era la poligamia — la práctica de que un hombre tenga más de una esposa a la vez. José dijo que el Señor le había mandado que entrara secretamente a la práctica de este principio por lo menos al comenzar 1841, y posiblemente mucho antes, los registros que existen no son claros. También se le dijo que instruyera a ciertos hermanos fieles, selectos, cercanos, sobre la misma práctica. Pero, como podía esperarse, esto representó un dilema para el Profeta y los demás hermanos que habían sido iniciados. ¿Cómo iban a practicar secretamente algo, para ser contados entre los hombres rectos de Dios y al mismo tiempo poder, honradamente, negar que lo estuvieran haciendo? José y muchos de los hermanos, fueron forzados a la situación de tener que negar públicamente que la poligamia fuera enseñada y practicada en Nauvoo, para evitar la persecución de sus vecinos gentiles y la disidencia de los hermanos mormones no iniciados.6

Cuando comenzó de nuevo la traducción del Libro de Abraham, se hizo obvia la respuesta a este dilema. La Biblia describía cómo Abraham, cuando entró a Egipto, había engañado a los egipcios respecto a Sarai, quien era de una apariencia muy hermosa, haciéndoles creer que era su hermana, no su esposa. Hizo eso porque temía que los egipcios lo mataran y tomaran a su esposa (Génesis 12:11-13). Este mismo incidente era descrito en los papiros cuando José comenzó la segunda vez su traducción, pero con un cambio significativo: de acuerdo a la versión de la narración en los papiros, había sido el Señor mismo quien había instruido a Abraham para que les dijera a los egipcios que Sarai era su hermana (Abraham 2:22-25). Esto demostraba que Dios, algunas veces, justifica el engaño en aquellas instancias en que sirven para un propósito justo.

Pero esto era solo el principio. Después del episodio relacionado a la esposa de Abraham y los egipcios, la traducción del antiguo registro rompe con toda semejanza de paralelismo con la secuencia de los eventos bíblicos y en su lugar hace un recuento de un episodio totalmente nuevo. En una elaborada visión, se describe al Señor instruyendo a Abraham sobre los principios de la astronomía, según los cuales los cielos son comparados al progreso eterno, la preexistencia de los espíritus y al gobierno de los Reinos Celestiales por la Deidad (Abraham 3:1-21)*

Proporcionó una visión interna del plan de Dios para organizar la tierra y poblarla, para un segundo estado de los espíritus de la humanidad, dio mayores detalles de la rebelión de Lucifer, y un relato de la guerra ocasionada en el Cielo por la cuestión del libre albedrío del hombre (Abraham 3:22-28).

El Profeta comenzaba a enseñar muchas de estas ideas en 1842, el periodo cuando el proyecto de traducción era retomado de nuevo. Significativamente, las partes del Libro de Abraham que tratan sobre estos conceptos formaron las bases virtualmente para todas las enseñanzas posteriores de José sobre un área de la doctrina conocida como el plan de progreso, y la exaltación final de esos hombres que llegarían a ser dioses en el Reino Celestial.

El capítulo final del Libro de Abraham, terminado también en estas fechas, era una continuación de la visión de Abraham. A José y a sus escribas les parecía que correspondía al relato de la creación — siendo así la fuente original — que se encuentra en los primeros dos capítulos del Génesis. José ya había corregido (en 1830), por inspiración, este mismo texto del relato bíblico, junto con otras partes de la Biblia (produciendo lo que se conoce como la Traducción Inspirada de la Biblia, de José Smith). Pero ahora, conforme traducían la historia de la creación del Libro de Abraham, el Profeta y sus escribas encontraron que contenía algunas diferencias notables y sorprendentes tanto de la Biblia, como de la reciente restauración inspirada de José Smith. Esto únicamente sirvió para enfatizar cuán significativamente diferían los escritos originales de Abraham (tal como eran traducidos por Smith) de la versión bíblica escrita por Moisés.

¿Cuáles eran algunas de las diferencias más importantes? Cuando el libro del Génesis fue corregido por primera vez por el Profeta en 1830, el texto resultante conservaba el énfasis de la Biblia ( y de Moisés) de que solamente hay un Dios. Sin embargo, la traducción de José Smith en 1842 de las porciones del Libro de Abraham, enseñaba claramente la pluralidad de dioses — un concepto de la deidad que José había comenzado a enseñar pocos años antes, pero que muchos Santos no entendían ni apreciaban.7

El Libro de Abraham también introdujo las primeras y únicas bases canónicas para negarles el sacerdocio a los negros, la posición oficial de la Iglesia hasta 1978. Describe a Faraón y a los egipcios como de Cam y Canaán (los progenitores de la raza negra), bajo la maldición de Canaán y descalificados del sacerdocio (Abraham 1:21.22, 26-27).

Todo el texto de la traducción, junto con las cortezas de los tres facsímiles y sus explicaciones, causaron sensación cuando aparecieron impresos por primera vez en el Times and Seasons, una publicación de la Iglesia Mormona. El periódico publicó entregas bisemanales del testo del Libro de Abraham, comenzando en su edición de marzo 1 de 1842. El valor e impacto del Libro de Abraham fue reconocido de inmediato por los fieles y José continuó presentando su contenido en discursos, sermones y otras enseñanzas durante dos años completos, hasta el momento de su muerte. Durante varios años después que José y su hermano Hyrum fueron asesinados por una chusma en la cárcel de Carthage, hubo un periodo de confusión y contención entre los Santos. Sin José que mantenía unida la Iglesia, estas confrontaciones pronto estallaron en una serie permanente de divisiones sobre doctrinas y liderato que apartarían por siempre a los Santos.

Emergieron algunos grupos dominantes, con diversos números de seguidores.8 la mayoría de los Santos se alinearon con los Apóstoles, bajo la dirección de Brigham Young. Éstos se inclinaron a apoyar las doctrinas del sacerdocio, la preexistencia, el progreso eterno y la pluralidad de dioses. Favorecieron el principio del matrimonio plural una vez que fueron introducidos a él, y sostuvieron al Libro de Abraham como una revelación vital de Dios. Quienes siguieron a otros líderes, con pocas excepciones, tendieron a rechazar, ignorar o modificar estas doctrinas más nuevas y lanzar al Libro de Abraham a un estado de limbo.

Pero a los seguidores de Brigham Young—quienes finalmente llegaron a ser la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, establecidos en Utah—el valor del Libro de Abraham era incalculable. No podía ser desechado sin perder algunas de las doctrinas más sagradas y distintivas de la Iglesia. Fue publicado una segunda vez en 1851, por los supervisores de las ramas de la Iglesia SUD en Inglaterra, apareciendo en forma de folleto, como parte de una pequeña colección de escritos titulados La Perla de Gran Precio. Esta colección fue reimpresa después, en forma ligeramente editada en Utah en 1878 bajo el mismo título. Dos años después, en octubre de 1880, fue canonizado oficialmente por voto unánime, en una sesión de la Conferencia General semianual de la Iglesia en Salt Lake City.

Mantener la autoridad divina del Libro de Abraham es enteramente tan vital hoy para las doctrinas y teología de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, como lo era en los días de José Smith, Brigham Young y sus sucesores. Como el finado Apóstol Bruce R. McConkie (uno de los voceros más prolíficos de la Iglesia sobre las escrituras) tan brevemente declaró, que el Libro de Abraham:

... contiene información inapreciable sobre el evangelio, la preexistencia, la naturaleza de la Deidad, la creación y el sacerdocio, información que no está disponible en ninguna otra revelación disponible actualmente.9




Por su propio mano en papiro: Lea capítulos 3-4 aquí.